El joven que convirtió lo que aprendió en semilla para su comunidad

Cuando Stiven tenía apenas 6 años, su vida empezó a tomar un nuevo rumbo. En ese momento, Children International llegaba por primera vez a Santa Marta, y su mamá tomó una decisión valiente: permitirle ser apadrinado. Aunque a su alrededor había dudas y comentarios que cuestionaban esa elección, ella decidió creer en la oportunidad. Con el tiempo, esa decisión se convirtió en el inicio de un camino lleno de aprendizajes, crecimiento y nuevas posibilidades.

“Gracias a Children he tenido un crecimiento muy amplio”.

La música que lo cambió todo

A los 12 años, algo hizo clic. Stiven encontró la música y ya nada fue igual. Dentro de la Orquesta Sinfónica de Children Santa Marta, con la guía del profesor Jhonar, descubrió que los instrumentos no solo hacen sonido: construyen personas. Le enseñan a escuchar antes de hablar. A sentir antes de actuar. A entender que el ritmo de un equipo vale más que el lucimiento individual.

«La Orquesta Sinfónica de Children Santa Marta influyó mucho en quien soy hoy en día. Gracias a las personas que me apoyaron en ese momento, me guiaron, me mostraron otra visión que yo tenía. Entre la música pude convertirme en una persona empática, una persona de bien.»

Cada ensayo fue formando en él algo que iba mucho más allá de las notas: la disciplina, la capacidad de trabajar en equipo, la empatía. Sin saberlo todavía, Stiven estaba construyendo los cimientos del líder que sería.

El día que todo cobró sentido

Hay momentos pequeños que lo cambian todo. Para Stiven, ese momento llegó cuando el profesor de música le pidió un favor sencillo: enseñarle a un niño nuevo los golpes y ritmos del tambor alegre.

Lo que pasó después fue una revelación.

«Al momento de ver que él hacía casi lo mismo que yo aprendí, y verlo plasmado en él, tuve una satisfacción enorme. Ver que otros podían recibir la misma orientación que yo tuve… desde ahí me gustó orientar a las demás personas para que aprendan lo que yo aprendí, o que vayamos aprendiendo todos juntos en el camino.»

Enseñar no es solo pasar conocimiento. Es encender en otros la misma llama que alguien encendió en ti. Y Stiven lo entendió ese día, frente a un niño y un tambor, con las manos llenas de ritmo y el corazón lleno de propósito.

Volver a casa con todo lo aprendido

Cuando Stiven regresó a Children International Colombia, esta vez como facilitador del Camino de la Niñez y la Juventud, algo en él se completó. Era el mismo niño de 6 años, pero transformado. Con las manos llenas de experiencias, de aprendizajes, de historias propias para compartir.

«Regresar a Children como facilitador es muy grato. Puedo devolverle a Children y a la comunidad todas las habilidades que me enseñaron, para enseñárselas a los niños que están creciendo hoy. Para que ellos también puedan surgir, ser mejores personas y tener otro pensamiento para el futuro.»

Hoy, en cada sesión, Stiven practica lo más valioso que aprendió: crear espacios donde los jóvenes se sientan seguros para hablar, para equivocarse, para crecer.

«La empatía me permite entenderlos y ponerme en sus zapatos, para que ellos también puedan abrirse a mí. Brindarles un lugar seguro con quién hablar y apoyarse para cualquier problema que tengan.»

El sueño que lo mueve cada día

Stiven sueña con una comunidad donde los niños crezcan libres de etiquetas. Donde cada joven tenga la oportunidad de sorprender al mundo con todo lo que lleva adentro.

«El cambio que quiero ver es que no pongan tantos estereotipos a los niños y niñas que están creciendo. Que no se sientan limitados ni presionados porque ya les pusieron un sello. Sin saber qué tantas habilidades tiene cada uno para poder surgir.»

Y el legado que quiere dejar es tan claro como su mirada:

«Todos podemos, sin importar las adversidades ni los obstáculos que se nos presenten en la vida. Siempre vamos a poder si nos dejamos guiar, acompañar y orientar de las demás personas.»

A sus padrinos, Stiven les guarda palabras que salen del alma: «Gracias por aportar ese granito de arena. Su granito de arena impacta mucho en la sociedad y en la familia de cada apadrinado.»

Y a los niños que hoy viven la experiencia que él vivió, les pide una sola cosa: que aprovechen. Cada taller, cada persona, cada oportunidad. Porque Stiven es, en sí mismo, la prueba más hermosa de lo que es posible cuando alguien cree en un niño y ese niño decide creer en sí mismo.

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